«El Día de la Mujer nos pertenece a todos»: La reflexión de un joven del CRB Onuba sobre la igualdad y el 8M
David, de 16 años, plasma en un trabajo su visión sobre la lucha por los derechos de las mujeres y el papel de cada persona en el cambio
veces, las palabras de los más jóvenes nos sorprenden con su claridad y profundidad. Este es el caso de David, un joven de 16 años del CRB Onuba, quien, con motivo del Día Internacional de la Mujer, ha realizado un trabajo reflexivo y conmovedor que nos recuerda por qué el 8M no es solo una fecha en el calendario, sino una llamada a la acción, un espacio de memoria y un compromiso con el futuro.
Un mensaje sobre la historia y la lucha de las mujeres
David comienza su trabajo destacando que el 8 de marzo es un día para reconocer la lucha de las mujeres por la igualdad, por sus derechos y por su participación en la sociedad en condiciones justas. No es una celebración vacía, sino la herencia de generaciones de mujeres que alzaron la voz cuando el mundo insistía en silenciarlas.
Nos lleva al pasado, a finales del siglo XIX y principios del XX, cuando las mujeres comenzaron a exigir lo que siempre les había pertenecido: el derecho a trabajar en igualdad, a votar, a decidir sobre sus propias vidas. Un pasado que, aunque lejano en el tiempo, sigue resonando en un presente donde aún quedan muchas batallas por librar.
Los desafíos que aún persisten
En su reflexión, David pone el foco en la realidad actual:
- Brecha salarial, que sigue dividiendo a hombres y mujeres en el mundo laboral.
- Violencia de género, que arrebata vidas y deja cicatrices visibles e invisibles.
- Falta de representación femenina en espacios de poder, donde se toman decisiones que afectan a toda la sociedad.
Nos recuerda que el 8M no es solo una fecha conmemorativa, sino una oportunidad para reflexionar sobre lo que aún falta por hacer y, sobre todo, para preguntarnos: ¿qué estamos haciendo nosotros para cambiarlo?
«Mi madre, mi inspiración»: una reflexión personal
Entre sus palabras, hay una que brilla con especial fuerza: admiración. Admiración por aquellas mujeres que, con su esfuerzo diario, construyen un mundo más justo sin esperar aplausos ni reconocimientos. Y entre todas ellas, David elige a su madre como su mayor inspiración.
«La mujer que más me inspira es mi madre. Es una mujer trabajadora y luchadora.»
No hay palabras más grandes que estas. Porque la igualdad no es solo una meta colectiva, sino un sentimiento que se siembra en lo más profundo de cada uno de nosotros.
Una llamada a la acción desde la juventud
El trabajo de David es más que una reflexión, es una invitación a mirar la realidad con ojos críticos y corazón abierto. Es la prueba de que el cambio empieza cuando tomamos conciencia, cuando nos atrevemos a hablar, cuando elegimos ser parte de la solución y no del problema.
Gracias, David, por recordarnos que el cambio empieza en cada uno de nosotros.







